Ars longa, vita brevis

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Iba a llegar a las 2:00 pm con Dave, el chico y artista Belga de Holly Waffles que me permitió exponer en la pequeña galería de la trastienda, pero un accidente en el que un motociclista, una camioneta y un auto se metieron un vergazo [derrumbaron parte de la fachada de un local de juguetes de la calle Juan Manuel y prensaron la moto] me retrasó.

Ars longa, vita brevis fue mi primera exposición gráfica individual, se realizó en Juan Manuel 222, en el Centro de Guadalajara, donde colgué doce acuarelas que cuentan la vida y muerte de Sinser.

«Sólo y en cama», «Una breve estancia en Villa Crespo», «Destrucción y génesis», «Una angustiante clase de Filosofía de Género», «Take a fuckin’ break» y «Disfruta pareja LP» en esta pared.

«Let our love survive», «Estamos totalmente equivocados», «Novenario abisal», «Despedida luego de una visita al quiropráctico» y un simpático puño en la pared del fondo.

Texto de sala, Por Debra Figueroa

Los mundos que Lizeth Arámbula imagina no están a salvo de imperfecciones terrestres. Decidida (o resignada) a llevarlas consigo, las sumerge en atmósferas a menudo densas, sórdidas. Pero esa sordidez, peculiar, más allá de oscurecerlas, permite que sobresalgan cuidadosamente alumbradas por una intención generosa: la de reivindicarlas: decir que lo imperfecto importa, que es honesto, incluso bello.

Lizeis no rehúye la soledad, la incertidumbre, el desorden, la precariedad; les abre la puerta, deja que hagan lo suyo. Entonces se mezclan con la amistad, la alegría, el juego, la música, el aprendizaje… Adoptan cuerpos distintos, vagan por la ciudad, enaltecen lo doméstico dentro y fuera de los límites de la casa. Revelan una voluntad introspectiva, cargada de sinceridad, que podemos apreciar no sólo en esta serie de acuarelas, también en historietas y ensayos.

Texto de sala, Por Gustavo González Camacho

Ars longa. Cualquier dibujante de medio pelo parece a los ojos de quien lo observa un amigo culto que expone agradablemente las ideas que el observador mismo ya tiene sobre la vida. Este no es el caso, porque Lizeis, como la potencial artista que es, es una mente extraviada y contradictoria. Quien observe superficialmente su trabajo no encontrará en él más que un licuado de color y caos. Y es porque no hay filosofía en cada acuarela, sino que dibujar es la filosofía misma. Probablemente cada postal de la serie se identifique con un momento de nuestras vidas, lo mismo da si el contraste entre luces y sombras que hay en Let our love survive nos evoca La vocación de San Mateo, que si la equívoca cotidianidad de Despedida luego de una visita al quiropráctico es una invitación a que nuestra última corbata sea un nudo corredizo. Se dice en física conceptual que si lo puedes dibujar es porque lo entiendes. Le toca al observador decidirlo.

Vita brevis. La escuela, el trabajo, la familia continuamente exigiéndonos un tiempo que ya de por sí es poco; obligaciones todas de una existencia que nos recuerda lo que queremos ser y no somos. No es casualidad que el alter ego amorfo y verde de Lizeis lleve por nombre Sinser: lo que no se es. Una metáfora del sinsentido inherente a la brevedad de los días que estaremos aquí. Bástenos por consuelo el saber que no viviremos en esta monotonía absurda durante doscientos años. O, como tan bien lo ha dicho Julio Ramón Ribeyro: “Nunca he podido comprender el mundo y me iré de él llevándome una imagen confusa. Otros pudieron o creyeron armar el rompecabezas de la realidad y lograron distinguir la figura escondida, pero yo viví entreverado con las piezas dispersas, sin saber dónde colocarlas. Así, vivir habrá sido para mí enfrentarme a un juego cuyas reglas se me escaparon y en consecuencia no haber encontrado la solución del acertijo”. Al igual que Ribeyro, el trabajo de Lizeis es un intento de encontrar una explicación, el planteamiento de doce ecuaciones sin resultado posible.

Quiero ser una mejor dibujante. Quiero detener el tiempo, correr de regreso antes de que me caiga del sube y baja y me caiga una manzana en la cabeza y me caiga y me caiga y me caiga sin sostenerme. Quiero agradecer a todos los que me escucharon llorar, carcajearme, murmurar mis fantasías. Quiero corregir una tarde de mayo, pero ya es imposible.

Ahora sólo tengo estas pinturas para

explicarme

pedir perdón

descansar

consolar

despertar

velar

jugar

atender

cobijar

observar

trapear

y cantar

Lizeis
17 de noviembre de 2018

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